Guía completa

Los sensores de aparcamiento parecen un lujo hasta que fallan. Entonces te das cuenta de cuánto confiabas en ese pitido para meter el coche en un garaje comunitario con columnas, en una plaza en batería o en la calle entre dos coches pegados. En una ciudad de coche familiar como Móstoles, donde mucha gente aparca a diario en garajes subterráneos, es una avería que se nota enseguida.

Lo que más vemos en el taller

  • El sensor que pita siempre. Al meter la marcha atrás suena el tono continuo, como si hubiera una pared detrás. En la mayoría de casos es un sensor con la membrana dañada o con suciedad incrustada.
  • El sensor mudo. El sistema funciona, pero una de las esquinas no avisa. Es el más traicionero, porque el conductor no lo nota hasta que roza algo.
  • El fallo tras pasar por chapa. Después de reparar un golpe en el paragolpes, los sensores se desmontan y vuelven a montar. Si quedan mal asentados, con el ángulo cambiado o con pintura gruesa encima, detectan mal.
  • El fallo que viene y va con la lluvia. Agua en un conector o en el propio sensor. Al secarse se recupera, y eso confunde a cualquiera.
  • La cámara trasera sin imagen. Humedad dentro de la lente o un cable roto en la bisagra del portón, que se dobla cada vez que abres el maletero.

Cómo damos con el sensor que falla

Lo primero es leer la memoria del módulo de aparcamiento, si el coche lo permite, porque muchos sistemas indican qué sensor ha dejado de responder. Cuando no hay información, hacemos la prueba clásica: con el contacto puesto y la marcha atrás metida, cada sensor en buen estado emite una ligera vibración que se nota con el dedo. El que no vibra es sospechoso.

Luego seguimos el cable. El mazo de los sensores recorre el interior del paragolpes y sufre con los golpes, la humedad y la sal de los lavados. Un conector verde de óxido explica a veces un fallo que parecía de pieza.

Por qué no conviene montar cualquier sensor

Cada sistema trabaja con unas características concretas. Un sensor que no es compatible puede funcionar a medias o confundir al módulo, y el resultado es un sistema que pita cuando no toca. Buscamos siempre el sensor adecuado para tu modelo y comprobamos que el módulo lo reconoce.

Si el sensor tiene que ir en el color de la carrocería, se pinta con una capa fina. Una capa gruesa amortigua la señal y el sensor pierde alcance.

La prueba final

No damos el trabajo por terminado con el aviso del cuadro apagado. Hacemos una maniobra real hacia un obstáculo y comprobamos que todos los sensores avisan a la distancia correcta y que la cámara, si la hay, muestra una imagen limpia y con las guías bien colocadas.

Si tu coche tiene además fallos en otras ayudas a la conducción, puede interesarte la ficha de sensores y unidades de control. Para pedir cita, escríbenos desde contacto.