Guía completa

Cada invierno se repite la escena: noche de helada, coche en la calle, y por la mañana el diésel tarda en arrancar, tose y suelta una nube blanca. A media mañana, con el sol, arranca a la primera. No es casualidad. Es el sistema de precalentamiento pidiendo atención.

Diésel: los calentadores

Un motor diésel no tiene chispa. El gasóleo se enciende por la presión y la temperatura del aire dentro del cilindro. Con el motor helado, esa temperatura no se alcanza, y por eso cada cilindro lleva un calentador que se pone al rojo unos segundos antes y después de arrancar. Si uno falla, ese cilindro no ayuda en el arranque. Si fallan dos, el motor se resiste.

Lo que comprobamos:

  • La resistencia de cada calentador, uno a uno.
  • Que el relé o la centralita de precalentamiento les dé corriente el tiempo necesario.
  • Los conectores, que con los años se oxidan.

Con eso sabemos si hay que cambiar uno, varios o el relé.

Gasolina: bujías y bobinas

En un gasolina, la chispa la dan las bujías alimentadas por bobinas. Cuando una bujía está gastada o una bobina empieza a fallar, el cilindro afectado deja de quemar bien. El motor tiembla al ralentí, pierde fuerza y, si el fallo es fuerte, el testigo de motor parpadea. En ese caso conviene reducir y no forzar: el combustible sin quemar va al catalizador y puede dañarlo.

Nuestro método:

  1. Leemos los contadores de fallos de cada cilindro.
  2. Si un cilindro destaca, intercambiamos su bobina con la de otro y vemos si el fallo la sigue.
  3. Sacamos las bujías y miramos su punta, que cuenta mucho de cómo trabaja el motor.

El momento delicado: calentadores pegados

Los calentadores llevan años enroscados en una culata que se calienta y se enfría a diario. Algunos salen sin problema; otros están agarrotados. Forzar uno puede partirlo dentro y obligar a una extracción más laboriosa. Por eso trabajamos con el motor templado, aplicamos el par justo y, si notamos que no cede, paramos y te lo explicamos antes de seguir.

Pequeños trayectos, más desgaste

Los coches que hacen recorridos cortos por la ciudad arrancan muchas veces al día con el motor frío. Eso multiplica el trabajo de los calentadores en un diésel y ensucia más las bujías en un gasolina. Si tu uso es así, no apures los cambios que marque el fabricante.

La batería también cuenta

Un arranque difícil no siempre es culpa del encendido. Una batería que no da la tensión necesaria hace que el motor gire despacio y los calentadores rindan menos. Por eso, cuando alguien viene con problemas de arranque en invierno, comprobamos la batería a la vez.

¿Tu coche arranca peor cuando hiela? Cuéntanos el modelo y te decimos qué conviene mirar primero.