Guía completa
El refrigerante es de esos líquidos en los que casi nadie piensa hasta que la aguja de temperatura sube en un atasco de agosto. Sin embargo, hace tres trabajos a la vez: saca el calor del motor, evita que el circuito se congele en invierno y protege por dentro radiador, bomba y culata de la corrosión.
Un clima de extremos
En Móstoles, el refrigerante trabaja en dos escenarios opuestos. En verano, con temperaturas altas y retenciones en la A-5 o la M-50, el motor está caliente y el coche parado; el sistema depende del ventilador y de que el líquido conserve su capacidad. En invierno, las heladas de madrugada ponen a prueba la protección anticongelante, sobre todo en coches que duermen en la calle.
Un refrigerante envejecido o rebajado con agua puede fallar en cualquiera de los dos.
Por qué se cambia aunque no se gaste
Los aditivos anticorrosión del refrigerante se agotan con el tiempo. Cuando eso pasa, el líquido sigue ahí y el nivel puede estar perfecto, pero el interior del circuito empieza a oxidarse. Aparecen sedimentos que obstruyen el radiador, la bomba de agua se desgasta antes y algunas juntas sufren. Por eso los fabricantes marcan un plazo de cambio, que varía mucho según el tipo de refrigerante.
Lo que hacemos
- Medimos el punto de congelación con un refractómetro y miramos el aspecto del líquido.
- Vaciamos el circuito. Si sale turbio o con restos, lo lavamos antes de llenar.
- Llenamos con el refrigerante que especifica el fabricante, en la concentración correcta.
- Purgamos el aire. Algunos motores tienen tornillos de purga o procedimientos concretos; una burbuja atrapada puede provocar sobrecalentamientos.
- Probamos en temperatura: el termostato debe abrir y el ventilador entrar cuando corresponde.
Aprovechamos para revisar manguitos, abrazaderas y el tapón del vaso de expansión, que debe mantener la presión.
El color no lo dice todo
Hay refrigerantes verdes, azules, rosas, amarillos… pero el color no garantiza la composición. Dos líquidos del mismo color pueden ser incompatibles. Si has rellenado alguna vez con lo que tenías a mano, dínoslo: puede compensar vaciar y empezar de cero.
Antes del verano y antes del invierno
Son los dos buenos momentos para mirar el circuito. En primavera, para llegar al calor con todo a punto; en otoño, para asegurar la protección contra las heladas.
Un control sencillo
Con el motor frío, mira el nivel del vaso de expansión una vez al mes. Si baja, hay una fuga y conviene buscarla. Nunca abras el vaso con el motor caliente.
Furgonetas y coches de trabajo
Las furgonetas que pasan el día entre los polígonos de la zona, con mucho ralentí y carga, someten la refrigeración a un esfuerzo continuo. En ellas conviene revisar el ventilador y el estado del radiador con más frecuencia, y no apurar el plazo de cambio del líquido.
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