Guía completa
Por qué falla un turbo
El turbo gira a velocidades altísimas apoyado en una película de aceite. Mientras esa película esté limpia y llegue con presión, puede durar muchísimo. Casi todas las averías que vemos tienen detrás una de estas causas:
- Aceite viejo o nivel bajo. Si se alargan los cambios más allá de lo que marca el fabricante, el aceite pierde propiedades y deja depósitos en los conductos que alimentan el turbo.
- Apagar el motor en caliente tras un esfuerzo. El turbo sigue muy caliente y, sin aceite circulando, el que queda dentro se carboniza.
- Suciedad en la geometría variable. En diésel con mucho tráfico lento, el hollín agarrota los álabes móviles y el turbo deja de regular bien la presión.
- Objetos o suciedad en la admisión. Un filtro de aire roto o mal colocado deja pasar partículas que golpean los álabes.
- Fugas que lo obligan a trabajar de más. Un manguito abierto o un intercooler perforado hacen que el turbo gire más para intentar alcanzar la presión pedida.
Si solo se cambia el turbo y no se corrige la causa, el nuevo puede acabar igual.
El perfil que más vemos en Móstoles
Mucha gente se desplaza a diario hacia Madrid y combina tramos de autovía con retenciones en hora punta. Es un uso exigente para un diésel con turbo: el motor trabaja a poca carga largo rato, acumula hollín y, al llegar a destino, se apaga con prisa. Las furgonetas de reparto que se mueven entre polígonos tienen un patrón parecido, con muchas paradas y arranques.
Al otro lado están los coches que hacen viajes largos regulares por la A-5. En esos casos el turbo suele sufrir menos, siempre que el aceite se cambie a tiempo.
Cómo lo diagnosticamos
Lo primero es confirmar que el turbo es el culpable. Muchas pérdidas de potencia vienen de un sensor de presión que lee mal, de un manguito suelto o de un intercooler con fuga. Hacemos una prueba de conducción con lectura de presiones y revisamos todo el circuito de admisión.
Si las sospechas apuntan al turbo, lo inspeccionamos: holgura del eje, estado de los álabes, aceite en la entrada y en la salida, y movimiento de la geometría variable. Con eso decidimos si tiene arreglo o hay que sustituirlo.
El montaje marca la diferencia
Cuando montamos un turbo, cambiamos aceite y filtro, revisamos los tubos de engrase y de retorno, limpiamos el intercooler y los manguitos si tienen aceite, y cebamos el turbo antes del primer arranque. Después hacemos una prueba de conducción controlada y comprobamos presiones.
Hábitos que alargan la vida del turbo
No hace falta nada complicado. Respeta los cambios de aceite que marca el fabricante y usa el aceite con la especificación que pide tu motor. Durante los primeros minutos con el motor frío, evita acelerar a fondo. Después de un tramo exigente, por ejemplo una subida cargado o un rato de autovía rápida, deja el motor unos segundos al ralentí antes de apagarlo. Y si el coche hace casi siempre recorridos cortos, de vez en cuando dale un trayecto largo a ritmo constante para que todo el sistema trabaje caliente. Al recogerlo te daremos además un par de consejos de uso para tu motor concreto. Para pedir cita, escríbenos desde contacto.